13

…todo ese temblor interno puede actuar y canalizarse directo al cerebro para hacer funcionar a todas las neuronas de mi cabeza al mismo tiempo y con un único fin, generar la respuesta correcta…

Me gusta, me gusta tanto que no puedo parar de pensarle. Está en mi mente a todas horas. Le conozco desde muy pequeños, éramos unos niños cuando ya coincidíamos en esas fiestas de mayores con mucha música siempre. Pero ahora, ahora es diferente. Tiene todo, tiene luz, tiene una sonrisa que me abruma, tiene unos ojos rasgados, árabes, hechiceros, tiene presencia. Un presencia que no pasa inadvertida y además me pone muy nerviosa. Nunca me ha atraído nadie de esa forma ni me atraerá hasta el punto de perderme en él sin haber casi ni hablado. ¿Cuándo he estado yo  nueve meses en mi vida soñando a alguien cada día?¿Imaginándole cada noche? ¿Buscándole en todas partes intentando que se materializara? Él es único en muchos sentidos sin duda alguna.

Única fue aquella noche, que como en muchas noches con él, yo estoy nerviosa. Muy nerviosa, ¿lo he dicho ya? 31 de diciembre de mis dieciséis años, me como las uvas con mi madrina en casa y luego llego a una fiesta donde está él. Todo está escrito ya. Sabe que me gusta, sé que le gusto, pero cuando le veo me paralizo, no puedo reaccionar. Es tanto para mí. Mis amigos están aburridos de escucharme, cansados de aguantar las mismas historias en las que él es un dios y los demás mortales estamos años luz de alcanzarle, ja, que ingenua y que fácil es el enamoramiento a veces, sobre todo para alguien como yo. Por el camino voy recordando situaciones como aquella fiesta trans que fui con él y me sentía totalmente desubicada, pero no importaba, ahí estaba yo; o aquellas tantas veces que me daba de fumar marihuana de su cosecha y con tal de no romper la magia del momento yo hacía como si fumase aunque a día de hoy aún soy incapaz de tragarme el humo. También recuerdo cuando caminé hasta su casa a pleno sol de agosto con tal de verle, la sensación era como de una aventurera de la época medieval enamorada hasta los huesos cruzando un desierto y aguantando por amor, pero una vez más, el amor mueve el mundo, no es cierto? Llego a la casa, gente, fiesta, música, pasan las horas, y eso es lo único que pasa, porque no puede ser que no pase nada. No puedo pensar en otra cosa más que en él. Por momentos se acerca y hablamos pero cada uno está en su mundo y claro está mi mundo está en el suyo. Casi de madrugada, me rindo, lo he intentado todo. No puedo más, todos mis recursos están agotados. A pesar de que está todo escrito él es incapaz de dar ningún paso adelante y yo siempre le apoyo y pienso que las cosas deben ser así, él es vergonzoso y yo no tanto así que deberé armarme de fuerza y valor para la próxima e intentarlo nuevamente, aunque mientras me repito ese mantra para animarme, en realidad sé que arrastro un gran yunque conmigo porque una vez más no ha ocurrido nada. Mi madre está lejos y me dijo que simplemente fuera yo misma. Lo intento mamá, pero de verdad que me supera toda esta situación. Por muy yo misma que sea no hay forma de acortar las distancias.

Me acerco a él resignada y le pido que me lleve de vuelta a casa. Asumo un principio de año en soledad tramando el plan para la próxima ocasión. Puedo resignarme pero rendirme, yo? Eso nunca. Bien, me lleva casa, nos metemos en el coche, hace frío, unos segundos de silencio mirando al frente. No hay forma de que deje de temblar todo dentro de mí. Le pregunto qué piensa, me responde pero ni me acuerdo que pronunció porque realmente mi cerebro va a mil y soy incapaz de retener. Entonces, me pregunta en qué pienso yo, y ahí es cuando por alguna causa divina, todo ese temblor interno puede actuar y canalizarse directo al cerebro para hacer funcionar a todas las neuronas de mi cabeza al mismo tiempo y con un único fin, generar la respuesta correcta. Misión: parecer entera y despampanante al tiempo que seductora y genuina. Cómo estoy dando esta respuesta no lo sé, pero estoy entera, despampanante, genuina y muy seductora porque se me ocurre decir que no hago otra cosa más que pensar en lo que más me apetece en este preciso instante…así como dejando una puerta entreabierta y con algo de suspense, como manipulando la situación tal que alguien que está tranquilo e incluso lo hubiera premeditado de antemano. Sí claro, estaba muy premeditado, cientos de miles de veces, pero todo ese entrenamiento no sirve para nada a la hora de la verdad. Tras esos segundos vuelve a insistir, era obvio que mi respuesta necesitaba otra pregunta –¿y, qué es lo que más te apetece ahora mismo? – Sí, sí , sí, fuegos artificiales, bombas, explosión, volcanes en erupción, orgasmo mental, un globo de agua que estalla, destapar un bote que estaba al cerrado vacío o nunca mejor dicho la sensación de descorchar una botella de champan. Este es mi momento y ha llegado –pues estoy pensando que no puedo parar de pensar en besarte-. Entonces me mira y lento pero rápido pero suave pero inquieto pero implacable me planta un beso eterno con las luces del alba para celebrar que a veces, muy de vez en cuando, parece que el universo se pone de nuestro lado. El beso es largo y sabroso. Cuando por fin nos detenemos y reanudamos nuestra vida real también recordamos que estábamos en la labor de llegar a mi casa, así que en pocos minutos es donde estamos. La madrugada acompaña a seguir besándose, a no separarse ni para ver el sol que despunta. Del sofá lleno de besos a mi cama para llenarla de ellos. Estamos solos y como decía todo estaba escrito. Con mucho amor, con mucha suavidad, con muchas ganas, con incertidumbre y espíritu explorador estamos los dos desnudos bajo las mantas y de la forma más tierna y sincera que yo puedo recordar una primera vez vivida una única ocasión, él entró dentro de mí para pasar a la eternidad en la memoria de ambos como aquella primera noche juntos entregados en plenitud.

Yo sé y tú también sabes que la primera vez nunca es la mejor, ni la más bonita, ni la más intensa, ni la más nada de nada, sólo tiene algo personal e intransferible, que es única, y eso sí la convierte en algo irrepetible. Una primera vez para despertarse como me desperté yo, con una sonrisa que no se despegaba de mí, una vez primera vez en ambos, una primera vez donde lo más importante es no perder nunca el norte, o perderlo tanto que todo lo nuevo y extraño de una primera vez se tornen vitales. Una primera vez de las que son para siempre.