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A veces, hay sexo sin besos, que es lo mismo que un huevo frito sin pan o un tomate sin sal.

Nadie me puede parar. Me siento alto lejos, fuerte, allá arriba. Se respiran los albores de un estío que va a ser el mejor de mi vida vivida. He terminado la enseñanza secundaria obligatoria, en dos semanas selectividad y ya tengo el sabor en mi boca de la libertad total. Soy joven, siento el mundo girar bajo mis pies. Nadie me puede parar.

Salimos a la calle con mi amiga. La melena suelta, perfume, falda negra y top rojo, muy rojo, hambrientas. No puedo parar de sonreír, porque en realidad es la circunstancia la que me sonríe a mí. Allí están esas dos chicas devorando pasos, con sed de vida. La noche en mis manos. Cuánta fuerza en cada una de mis células. Doy un paso y me lo encuentro casi de frente en mi espacio personal. Claro, él es relaciones públicas del local y tiene que convencerme de que…no tiene que convencerme de nada. Ya soy suya. Nunca había visto a un hombre tan exuberante. No puedo ni definirlo. Tengo frente a mí a una escultura natural hablándome. Me habla de Madrid, de mojitos, del verano. He dicho que ya soy suya. Cuatro flirteos por compasión de mi ser y por hoy nos tenemos que marchar. No lo puedo creer, ¿esto existe realmente?

No tardo en volver a pasar por allí a los dos días, es fácil localizarlo. No puedo resistirme a esta oportunidad. Esa noche mi madre no está en casa. Nuevamente los cuatro flirteos que vienen por defecto en la compra y estamos en el coche hacia mi casa. Él es increíble pero como yo me siento la reina del mundo porque puedo con todo pues por qué no iba a ser yo la copiloto de Adonis. La noche es muy oscura, entramos por la puerta del jardín. Me apoyo en el marco de la puerta para charlar y empezar a desarrollar esos besos que me muero por darle desde que choqué directamente con ese lienzo de la perfección estética.

Sálvese quien pueda cantaría Gaby Moreno muchos años después. Parece que no todo es tan obvio como yo pensaba. Los besos que me derriten y alimentan no son siempre tan inherentes como yo pensaba a un encuentro entre dos cuerpos que se han hallado en el mismo espacio físico. Se salta un paso, para mi básico. No puedes rebañar el fondo de un helado sin pasar tu lengua por todo su contenido antes. No, eso no debe hacerse. Me pregunto si son sólo locuras mías.

Esta noche los mitos han caído. Los volcanes no siempre revientan, las palomitas no siempre se abren, no todos los capullos llegan a dar flores culminantes. A veces, hay sexo sin besos, que es lo mismo que un huevo frito sin pan o un tomate sin sal. Insulso y sin gracia. Rápido y transparente. No quieras venderme el banquete entero si no me vas a dar los entrantes. Un viaje de pocas horas que va de la exuberancia de una noche compartida a un desayuno atónito en mi jardín en soledad.