26

«sé que me voy a arrepentir eternamente así que antes de que ocurra ya voy construyendo el peso sobre mi conciencia.»

Son sólo cuatro o cinco besos en un sofá asqueroso de algún piso de estudiantes frío sobre Pedro Antonio de Alarcón y ya me estoy sintiendo repugnante, sé que me voy a arrepentir eternamente así que antes de que ocurra ya voy construyendo el peso sobre mi conciencia.

Por qué continúo ahí, tendría que levantarme e irme. Lo conozco de toda la vida y por muy talentoso, galante, encantador que sea es un seductor y yo sé que esa noche con mis 18 añitos recién cumplidos soy sólo una presa más que incrementar su lista, la niña bonita que esa noche calló en su sofá y le siguió el juego. Pero por qué, si toda esta historia me la conozco. Es machista, es engreído, es un asco.

Tal vez porque me siento acompañada, porque somos un grupo de amigos aunque los demás estén durmiendo, porque le sigo el juego porque sé que es un juego, porque es muy tarde y mi casa queda muy lejos. Por qué, por qué, por qué.

Claramente el alcohol ayuda, él bebe mucho más que yo y eso también me ayuda a permanecer atenta y despierta. Eso es bueno y es malo porque al mismo tiempo que estoy pensando cómo salir de este laberinto me veo resbalando por un agujero sin retorno. El laberinto se llama seducción y la puerta de salida queda al final del pasillo, pero yo sigo dando vueltas en el laberinto. En su sofá también doy vueltas. Cada vez estamos más cerca, más acomodados en el mueble, más permitiéndonos esas licencias de la cercanía de los cuerpos. Abro los ojos y nos estamos besando, yo sólo pienso en una cosa, no acabar desnuda en la misma cama con ese chico. Los besos ya no los puedo negar pero por favor que no termine metiéndome en su cama porque entonces no voy a poder restaurar mis límites fácilmente. Me gusta, sí un poco, algo tiene, no lo suficiente, creo que lo que más tiene es la inercia del momento de su parte. Únicamente eso.

Los besos siguen, se acompañan de alguna risa tonta y nerviosa y entonces termino de caer en el abismo en el momento exacto en que me está pidiendo que me quede a dormir allí. Estoy tan llena de fango mental, tan hundida hasta arriba que ya no puedo ir más allá. Sus ojos de aquí te camelo yo me lo han dicho todo, sal corriendo pequeña. Con mucho reniego, mucha manipulación, un poco de intento de acorralarme en el pasillo para que caiga en sus redes. No te vayas, quédate, venga va, que rico, besos, te aprieto, tú y yo. Clac!! Libre, escalera, descansillo, portal y calle. Libre al aire libre.

Lo he conseguido, camino calle arriba orgullosa de saber que no despertaré en su cama sucia y fría. Llegarán más y peores, y no podré escapar y me ducharé corriendo cuando salgan ellos por mi puerta, y desearé olvidar alguno, y borrar otro, pero esta vez no, no he caído. Soy libre y camino calle arriba, allí lejos y mucho tiempo después me espera una cama mía y sólo mía.