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La aventurera, la intrépida, la de corazón…porque sentí que quería vivir algo y lo viví.

Sin duda alguna si existe un gen explorador, yo tengo expresión doble del mismo en mi organismo. Tal vez tener 14 años te hace ser explorador y por eso se explica este capítulo, pero me doy cuenta que muchos años después sigo siendo una aventurera nata de la vida.

El caso es que él no me gustaba mucho, ni atraía especialmente, pero cada vez que le veía dándose besos con su novia me decía a mí misma –yo quiero probar-. Los sábados de aquel invierno en que mi novio también estaba lejos se hacía mucho más sabrosos con aquella pandilla de cinco que éramos. Miradas arriba miradas abajo, él siempre ahí. Típico guapito que ahora pasaría inadvertido ante mis ojos, hizo que un buen día quedáramos tan sólo él y yo.

Recuerdo el pueblo, recuerdo mi ropa granate y negra, recuerdo la tarde de sábado invernal muy soleada en plena puesta de sol, su boina de medio lado, sus ojos azules mar profundo, y sobre todo la cantidad de conversaciones vacías que teníamos. Pero no me importaba, el gen explorador hacía su papel en el camino evolutivo. Había que probar más y más porque sí.

No creo que aquel flirteo que terminó en una historia de no más de dos horas dándonos besos poco sustanciosos pueda catalogarse como una de las grandes aventuras de mi vida, pero cierto es que siento que sí forma parte de mi propio puzle y me define un poquito más como la mujer que hoy siento que soy. La aventurera, la intrépida, la de corazón…porque sentí que quería vivir algo y lo viví aun sabiendo que su novia rondaba el pueblo de al lado y mi novio cuatro pueblos más allá. Pero era muy consciente que aquello eran besos para resolver las infinitas incógnitas que uno tiene de la vida siempre, y más especialmente a los 14 años, cuando tan sólo has besado a 4 chicos, nunca has bailado pegada a un cuerpo y sabes que esto es sólo es principio.

Tantos años después no he vuelto a saber nada de él, en cambio su amigo, el quinto en la pandilla que éramos también ayudó a alimentar a mi gen explorador, y como tal, merece un capítulo aparte.