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Alimentando mi insaciable sensación de aventura y hambre de mundo.

Casi primavera y una noche de viernes. Tengo tiempo al salir de la piscina después de nadar mi kilómetro pertinente y antes de marchar a casa. Me lo permito, el fin de semana aún es largo y cómo no me voy a entregar a una  nueva opción de saborearme a mi misma y reconocerme vividora una vez más.

Tiene mi mano bien agarrada, caminamos por un sendero, a lo lejos veo las luces del campo de fútbol, el deporte nos ha llenado de endorfinas. Hay un pollete donde me sienta encima, me abraza y me besa, me besa bien, me gusta la sensación prohibida, tiene algo que da poder y me lo quita. Fue ir y venir, corto e intenso. Besos y sensaciones de rapidez, nada más que eso.

No me cabe duda que él me ganó por ingenioso, por hacerme reír, por mirarme en el momento exacto con total seguridad de que caería tarde o temprano en sus redes. Él sabía que en algún lugar yo salía con otro chico, él también sabía que en algún lugar semanas atrás había besado a su mejor amigo, pero ninguno de todos esos saberes le frenaron para llevarme aquella noche de viernes a lo más oscuro del bosque para tenerme allí un corto espacio de tiempo, meterme mano escasamente y besarme hasta la saciedad. No era ni guapo, ni atractivo, ni profundo, ni sé si le gustaba bailar, ni cocinar…pero sí sé que me gustaba que se hubiera apoderado de mi capacidad de decisión y como todos sabemos estuviera alimentando mi insaciable sensación de aventura y hambre de mundo.

El tiempo ha pasado, son pocas veces las que he vuelto a traerlo a mi mente, es así, soy sincera. Un casual encuentro en un paso de cebra hace muchos años fue nuestro último espacio compartido. Seguramente ahora tiene varios hijos y ni recuerde mi nombre pero yo sí, yo le recuerdo a él, y más que a él, recuerdo el momento que sí fue nuestro mas allá de las circunstancias de la inocencia. Simplemente una noche de viernes de casi primavera donde seguí haciéndome camino sentada en la primera fila del carrito de la montaña rusa que definía mi vida.