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“Quiero vivir, quiero vivir y reír” me decía a mi misma. Una pena gris aplacaba mi corazón permanentemente…

Debería haber parado el tiempo, haber parado mis pasos en seco mientras me cogía de la mano y me arrastraba al fondo de aquel antro oscuro y repugnante para meterme en el baño y querer meterme mano hasta el fondo, debería haber sido selectiva y reconocer que no reconocía nada absolutamente nada en el que me gustara. Aquí se abren dos caminos, el bueno, que pare el tiempo, pare mis pasos y dije no. Alto y claro. El malo, que solo me negué a besarle encima de aquel inodoro sucio, así que terminamos saliendo del local y caminando hacia su coche. Allí en la oscuridad de una noche de verano y bajo los efectos un alcohol de la misma calidad que el aire irrespirable del local en el que estábamos nos besamos durante no mas de cinco minutos.

Bastaron dos tonterías seguidas saliendo de su boca para que reaccionara y entonces fuera un “No” de los de verdad. Algo me hizo despertar y decir adiós. Mis amigas me esperaban con la misma cara de disgusto que volvía yo, pero eso si, riéndonos hasta la saciedad.

“Quiero vivir, quiero vivir y reír” me decía a mi misma. Una pena gris aplacaba mi corazón permanentemente, mi primer novio me había dejado tan solo unos meses antes y yo tenia ansiedades de vivir y superar el duelo. Ahora soy capaz de visualizar ese momento y esos por ques.

Esta historia tiene mucho mas aprendizaje posterior que inminente. Si es que podemos extraer algo de unos besos fugaces. El pasó, las horas pasaron y quedo como una rápida historia nocturna bajo los efectos del alcohol. Tal vez me enseño un poquito mas lo que seguro no me gusta.

La siguiente historia me esperaba. Yo soy de otra pasta esta claro.